![]() |
Mi relación personal con los gatos no es precisamente amistosa. Desconozco como comenzó esta mala convivencia, pero mi desconfianza hacia ellos crece exponencialmente de la misma forma que intuyo la de ellos hacia mí, desembocando en lo que llamaríamos un vínculo bidireccional de odio-odio.
Por más que lo intento, nunca los veo llegar, más bien cuando miro ya están allí, escarbando en el jardín, acomodando su cuerpo en las plantas ya preñadas de su olor o esparciendo la basura de la esquina.
Cuando pienso que son inalcanzables, les facilito la huida para que abandonen mi territorio, pero creen que es una trampa y se vuelven a esconder en lugares inaccesibles para mí.
Como aquellos ratones que idearon ponerle un cascabel al gato para alertarles cuando viniera hacia ellos y nadie se atrevió a poner, así deberían tintinear de forma espontánea, sin que ellos se percataran, en todas las personas que sucumben a las ideas que perjudican a la sociedad en beneficio propio, para, al oirlas llegar, invitarlas a desaparecer de nuestras vidas o que permanezcan escondidas para siempre.
Por Jose L. Vicent.
Tags: JOSE L. VICENT

