Ubeda y Baeza, dos poblaciones medianas separadas por apenas ocho kilómetros en la provincia de Jaén.
Su visita es altamente recomendable. Entre una y otra reúnen un extenso ramillete arquitectónico compuesto por Iglesias, Catedral, Universidad, Palacios y plazas de los que inevitablemente te enamo
ras en silencio.

Cuentan que un Alcalde de allí, en su sesión, comenzó a divagar y desviarse de la cuestión, a lo que adujeron que ello era debido a su enamoramiento de una moza a la que veía por los cerros a escondidas. Eran otros tiempos. Ahora puedes visitar esa y la otra ciudad enamorado o no, y prendarte de ellas sin decir palabra, concentrado en su contemplación sin abrir espacios al desvío.
Para los cerros repletos de olivos, reservaría una estancia al aire libre de oración y reflexión, como hizo Jesús en su monte a pesar de trasmitirnos grandes mensajes, a toda esa avalancha de tertulianos que inundan las tardes televisivas de banalidades empeñadas en perder su hilo conductor ya de por sí bastante necio. Al fin y al cabo, es el lugar donde ellos se van cada día con sus palabras.
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